domingo, 13 de marzo de 2011

Mi prima hetero: la homófoba tolerante

Un título paradójico para una paradoja de persona.

Si hay algo que me provoca más resquemor que un homófobo, es un homófobo que no es consciente de serlo y que además se cree la persona más mentalmente abierta que habita sobre la faz del planeta. De esos que quieren resaltar una y otra vez lo abiertos y tolerantes que son mencionando la cantidad de amigos gays que tienen cuando en realidad creen que les están haciendo un favor por dignarse a dirigirles la palabra.

Pues bien, yo tengo una prima que es así. Y me frustra. En mi casa lo de mi lesbianismo sólo lo saben mi madre y mis dos hermanas. Otros lo sospechan, como mi sobrina, que a veces me hace unos comentarios que me dejan más que muerta, pero mi prima ni lo sabe ni lo sospecha, y a veces me dan unas ganas irrefrenables de decírselo para que al menos delante de mí se cosa la boca, pero me contengo porque si lo hiciera me sometería a un interrogatorio intensivo que no sería nada agradable.

Y yo, lo que me pregunto una y otra vez, y por más que me lo pregunte no consigo hallar la respuesta, es que cómo sus amigos gays la aguantan. Supongo que será porque delante de ellos no dirá las cosas que dice cuando piensa que no hay nadie de la otra acera cerca. Cosas como “qué fuerte, tía, qué asco, ¿tú sabes que X es lesbiana?” (saberlo no lo sabía, pero imaginármelo…), “el otro día en el orgullo una tía intentó ligar conmigo, pero yo le dije que no, que yo soy normal”, “¿las lesbianas que harán en la cama? Lo único que pueden hacer es comerse el coñ*, qué asco”, y encima me pregunta “¿a ti eso no te da asco?”, delante de mi madre y de mis hermanas. Y yo en plan “eeehmm…” mientras pensaba “¿por qué Dios le habrá dado boca a esta chiquilla?”

Y encima, cuando le digo “joder, tú crees que no, pero tú eres homófoba” me dice “no, si yo tengo muchos (tiene 3) amigos gays”. Y yo tengo una prima gilipollas y no por ello creo que todos los gilipollas tengan derecho a la vida.

Aún no me ha intentado abrir los ojos revelándome el dato esclarecedor de que los homosexuales también son personas y que por eso tienen derechos. A la espera estoy.

Y todo por no hablar de la cosa que mi hermana tiene por novio, que va más allá y en la misma frase niega ser homófobo y afirma que los gays le dan asco: “no soy homófobo, pero me dan asco”. Igual se piensa que les está haciendo un favor al no escupirles en la cara. FEO.

jueves, 3 de marzo de 2011

El PP, la adopción gay y la tragedia



No voy a contar nada que no sea de sobra conocido por cualquier persona con dos dedos de frente, pero me gusta la gresca y sueño con que algún día entre a mi blog un homófobo a liarla parda. Prohibir la adopción es un disparate. Así que a ver, señores neofascistas de los cojones, vosotros, de la palabra lesbiana, ¿qué parte de mujer es la que no entendéis? Que yo si quiero un bombo lo único que tengo que hacer es aparearme con un macho de mi especie si se me prohíbe tenerlo por otros medios. Que soy lesbiana, no infértil, imbécil.

Ahora que ya está claro que puedo tener un hijo cuando a mí me dé la real gana sin tener que depender de sus leyes, y que por lo tanto las familias homosexuales van a seguir existiendo por mucho que les duela, pasemos al siguiente punto.

Imaginemos que estoy casada, me quedo embarazada y 9 meses después nace la pequeña Alicia. Alicia es muy feliz con sus dos mamás, pero sólo Wendy es su mamá legal, ya que han prohibido que su otra mamá pueda ser reconocida legalmente como tal.

Dos años después mamá Wendy va conduciendo al trabajo como todas las mañanas. Alicia está en la guardería y su otra mamá ya en su trabajo. Mamá Wendy recibe un sms en su iphone 9: “Hoy recoge tú a Alicia, que vamos a comer fuera =)”. Mamá Wendy sonríe, y cuando levanta la cabeza ve cómo unas varas de hierro de 3 cm de ancho salen disparadas de un camión para atravesar primero el cristal delantero de su coche y después sus pulmones, dejándola clavada en el asiento. Tarda 2 minutos en morir, tiempo que se pasa mirando la foto del fondo de pantalla de su iphone 9 preocupada pensando en qué va a ser de Alicia y de su otra mamá. Que no dejan a una ni morirse tranquila, oigan.

¿Cómo puede existir gente tan hija de puta y tan desvergonzada como para permitir entonces que Alicia no pueda quedarse con su madre? ¿No ha tenido bastante con perder a una que ahora también va a perder a la otra? La estupidez en este país no tiene cura, eso desde luego.

Éste es sólo un ejemplo (me puedo inventar mil ejemplos más y todos diferentes) para demostrar que, primero, prohibir la adopción no evita que vaya a seguir habiendo niños con dos papás o dos mamás, y segundo, que su único fin práctico es perjudicar, sobre todo, al niño.

Algunos políticos, antes que cegarse en su fundamentalismo e intolerancia, deberían aprender a distinguir entre elaborar una ley para proteger una realidad social (que existe porque sí, y siempre va a existir) y entre elaborar una ley para intentar prohibir algo que existe de forma natural, y lo que existe de forma natural no se puede prohibir, le pese a quien le pese.