No me gusta San Valentín. Aparte de por su supuesto origen cristiano y el ambiente nauseabundo que se forma alrededor, no me gusta porque algunas de mis experiencias con San Valentín han sido traumáticas al haberlas experimentado siendo una lesbiana pequeñita a una corta edad, y otras han resultado bastante aterradoras.
Todo empezó cuando yo tenía 5 años. A esa edad recibí mi primer regalo de San Valentín. Mi amigo, que se creía mi novio, me regaló una vajilla de juguete que compró en el mercadillo. Me sentí muy ofendida por ese regalo tan indigno. Habría preferido un balón pinchado.
Años después, pero aún muy pequeña para esas cosas de mayores, me regalaron una caja. Hueca. Roja. Con forma de corazón. Y luego la pregunta: ¿te gusta? Cómo no, si tener una caja fea siempre ha sido mi sueño.
Mi experiencia aterradora fue con 14 años en el instituto. Tenía un acosador que me regalaba anillos de lata y que me enviaba mil cartas (las cuales regalé amablemente a las ratas de las alcantarillas), pidiéndome que le dijera ‘hola’ cuando lo viera por el pasillo y amenazando con ir al Diario de Patricia a declararse. ¡¿¡Jelou!?! Y, lo que era peor, había más faltas de ortografía que palabras escritas.
Ni una carta sooo sweet en un San Valentín posterior pudo reparar el daño hecho. Además, me parece hortera cómo suena eso de ‘Feliz día de los enamorados’ xD

1 comentario:
Este día es horrible.
Qué miedo lo del diario de patricia xDD Yo solo hice algo cuando iba al cole y nos mandábamos mis amigas y yo cartas (lo organizaban desde el colegio, ponían un buzón) para tener algo xD Nunca más.
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